Uno
se despide incansablemente de cosas queridas
y remonta adioses como barriletes de la despedida.
Que parte la noche, saltando entre estrellas, de un cielo
murguero,
y quedan grabados hasta reencontrarse un nuevo febrero.
En este parque de diversiones lo único que hace
falta
es la sonrisa de un niño con el alma pintada,
pero en estos tiempos es tan difícil encontrarlos
Cuando otoño desnuda paraísos,
empiezan a aprontarse para el frío invernal
Y en la puerta de una casa suena el timbre,
y se escucha el pedido de un buzo pa’abrigar.
Ya por junio se juntan unos cuantos
abajo de un techito para darse calor.
A pasarse tres meses sin abrazos
que aprieten esperanzas sin saber del amor.
No hay escuela que tanto duela,
como andar todo el día sin camino.
Sin moña, ni destino que enseñe una ilusión.
Y en las bolsas de basura la comida,
buscando un cacho de vida que aguante el corazón.
Para esos ojos, primaveras no hay,
ramos de abrojos, que pinchan Uruguay.
Por acatar del tío Sam la decisión,
que llego el tiempo de la globalización.
En este parque cual es la diversión.
Muy pocos mucho, y muchos poco es la cuestión
de esta situación.
El imperio se florea a pesar de los derrumbes
y mientras Asia sucumbe ante las armas de guerra
los gurises de esta tierra sufren el misil del hambre,
nuestros gobiernos con sangre financian la deuda externa.
Llego la hora de que florezca la igualdad, que cambie
la realidad.
Echale el resto de frente a la resignación, al
cantar otra canción. |
Que culpa tiene la botijada, de que a los grandes nos
vaya tan mal.
Si hay que enrejar todas las escuelas, como enseñarles
la libertad.
Los niños crecen en la violencia, no importa
en que lugar de este planeta.
Unos se nutren de la miseria, a otros la guerra les
da la teta.
Quiero un carnaval donde asusta a el mal, brotará
infernal, mágica y bestial,
la canción final, como un manantial, plegaria
inmortal de un payaso.
Cuando la almohada le de un abrazo, cuando la noche
lo lleve a dormir,
piense en los ojos de algún botija, y duérmase
haciéndolo reír.
No existe un arma más poderosa, que una sencilla
muestra de cariño,
pues la violencia pierde una batalla, en el instante
en que nace un niño.
Ruegos a dios Momo que la murga nos dejó y la
despedida es un abrazo.
Junto a la promesa de que un día volverá
a arrancar del alma su payaso.
Es este amor el que hace seguir fiel su derrotero
y guarda mi perfume otro febrero, haciéndole
una mueca al carnaval.
Y un año más llenar de rebeldía
cada gesto,
que el cielo sienta echar la FALTA Y RESTO, al regresar...
Se va la FALTA, roja y negra, palo y palo, lava humana,
denuncia que no alcanza, flameando sus banderas de alegría,
se va la FALTA, se queda la esperanza...
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