La primera presentación
de una murga uruguaya en la Argentina fue en 1964. Ahora,
se anuncia que "Falta y Resto"
estará en el Luna Park. Historia y reseña
de un desembarco anunciado..
La murga es magia, amor a primera vista. El público
argentino comenzó el acercamiento, en gran escala, a
mediados de la década pasada, seducido, entre otras
cosas, por el hecho de que gente común, sin medalla
de "artista", se subiera a un escenario para contar,
cantando, todo lo que le pasa durante el año. La murga
también es memoria: enseña. Recorrer sus repertorios
es una invitación a repasar hechos políticos, sociales
y deportivos del Uruguay y del mundo. Mientras a los
más chicos los atrapan las caras pintadas y el multicolor
vestuario y a los adolescentes las melodías que se repiten
como mantras, los adultos en general se deslumbran con
sus críticos e ingeniosos textos que van de lo directo
a lo sutil, del humor a la melancolía. Buena parte de
los medios, en su momento, se hicieron eco de este romance
y comenzaron a hablar de un "fenómeno" y hasta aventuraron
un crecimiento que ahora es realidad: la mejor prueba
de ello es la próxima presentación de Falta
y Resto, el 18 de diciembre, en el Luna
Park. El publicista Raúl Castro, director de Falta
y Resto y conocido también por ser el
autor de varias de las más famosas letras de Jaime Roos,
señala que su murga, junto con Araca la Cana y otras,
fue pionera: "Desde hace veinte años en forma espaciada,
y desde hace siete en forma ininterrumpida, estamos
'cruzando el charco' y llevando la murga a rincones
donde no tenían idea de lo que era". Pero en tren de
rigor histórico, la primera actuación de una murga uruguaya
en la Argentina se registró en 1964, cuando viajó una
delegación de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos
Populares del Uruguay (DAECPU) compuesta por treinta
personas. "Actuamos en la inauguración de una nueva
red lumínica de la Avenida Corrientes, en el teatro
Astral, en el estadio de Nueva Chicago, en bailes en
los clubes Independiente y Santos Lugares, y también
en los canales 9 y 13", recuerda hoy Antonio Iglesias,
quien fuera uno de los cinco directores de aquella delegación.
En los últimos años, además de "La Falta", debe mencionarse
a Contrafarsa, Curtidores de hongos, Diablos Verdes,
La Reina de La Teja y algunas otras que se han presentado
con más continuidad y demostrado que el género ha comenzado
a vencer ciertos prejuicios y a hacerse cada vez más
conocido en Buenos Aires, pero también en Rosario, Córdoba,
La Plata, entre otras ciudades. "La causa del éxito
es su planteo estético diferente -reflexiona Castro-,
austero pero 'con pegada'; se caracteriza por su creatividad
e ingenio, pero sin grandes despliegues de sonido y
luces, ni puestas en escena hollywoodenses". El alto
nivel musical alcanzado en los últimos carnavales, es
otra clave del impacto. Son notorios los cambios en
el estilo vocal, en pos de una mayor claridad en los
textos, a los que acompañaron una marcada evolución
en los arreglos. Debe haber pocos espectáculos tan completos
como una murga bien lograda. "Los porteños tienen un
ojo muy certero para estas cosas", asegura Milita Alfaro,
historiadora uruguaya que ha trabajado en profundidad
sobre orígenes y evolución del carnaval. "Hace un par
de años -agregó- me entrevistó el director de una productora
que estaba haciendo un documental sobre nuestras murgas.
Al preguntarle qué lo movía para realizar este trabajo
me habló, entusiasmado, de la fascinación que le producía
una propuesta que en 45 minutos conjugaba canto, música,
color, actuación, baile, vestuario, maquillaje, humor,
opinión y atisbos de poesía". Durante los 80 y principios
de los 90, a los espectáculos murgueros (como también
a las diversas presentaciones de los cantores populares)
concurría, mayormente, la gran comunidad de uruguayos
residentes en la Argentina. Las diversas presentaciones
-algunas sin un marco profesional adecuado- se desarrollaban
en clubes barriales o en anfiteatros como el de la Asociación
de Trabajadores del Estado (ATE) o el de la Unión Tranviarios
Automotor (UTA), espacios lejanos al circuito teatral
céntrico. Hoy, esa realidad ha cambiado. Y Jaime Roos,
sin duda, fue el principal responsable de ese proceso.
Los sucesivos desembarcos del músico, y sus temas clásicos
con fuerte impronta murguera, hicieron conocer y disfrutar
de este sonido en Buenos Aires. La otra veta responsable
de la evolución es el "boca a boca" entre argentinos
que fueron conociendo la magia del carnaval montevideano
en sus excursiones veraniegas. Asimismo, y quizás por
efecto de la debacle económica, hubo en la Argentina
de los últimos años una especie de "sobreestimación"
-a veces sin fundamentos demasiado concretos- de todo
"lo uruguayo". El músico Ariel Prat, pionero en acercar
la murga porteña al formato canción dice: "La clase
media argentina que en Montevideo buscaba al 'Molina
que no pisaba más el bar', citado en ese tema notable
que es Brindis por Pierrot, era la misma que salía huyendo
de los bares de Buenos Aires, en los que podía hallar
a un Molina cercano". La murga utiliza melodías provenientes
de la canción popular, y a su vez son varios los músicos
populares que han tomado el ritmo de murga y lo han
fusionado con distintos géneros. Es, de alguna manera,
un fenómeno de ida y vuelta. En Uruguay, a partir de
un disco de ruptura que fue Todos detrás de Momo (de
Los Olimareños, en coautoría con Rubén Lena; de 1971)
hubo un sinnúmero de artistas que bucearon en diversas
formas musicales y llegaron a la murga para fusionarla
y apuntar así a una canción con elementos autóctonos
y gran originalidad: Jaime Roos, Jorge Drexler, La Vela
Puerca, No te va gustar, Rumbo, Jorge Lazaroff, Manuel
Capella y Mauricio Ubal, entre muchos otros, son algunos
de los ejemplos. El impacto que la murga como género
ha tenido entre los músicos argentinos es notorio. Aquel
hit de Los Piojos, Verano del 92, donde estaba muy presente
el ritmo de "marcha camión" (base rítmica realizada
por la batería de murga: bombo, redoblante y platillos),
puede haber significado, al menos en cuanto a difusión,
un punto de partida. Hoy el sonido ha sido incorporado
en diversos registros y se ha empujado lejos la primera
acepción -un adjetivo descalificador- con que el lunfardo
porteño definía, en otros tiempos, la palabra murga.
|